Demasiada gente parecida en la misma mesa
- Sofia Quilici
- 13 jul
- 2 min de lectura
Desde que leí por primera vez el concepto de "tribu" en los libros de Seth Godin, me fascinó el poder que puede tener una cantidad de personas juntas que van hacia un mismo objetivo. Y eso sucede en todos los ámbitos de la vida: la política, la corporación, el fútbol, un emprendimiento. No es lo mismo una cancha con 5 jugadores en una que admite 11, a que estén los 11 jugando y, además, haya suplentes con la misma convicción.
Ahora, cuando ese equipo juega siempre contra los mismos, en la misma cancha y con las mismas reglas, en algún punto deja de crecer. Puede volverse muy bueno en su propio juego, pero empieza a perder perspectiva.
Cada mundo es una tribu cerrada
Con el tiempo empecé a ver que cada uno de estos mundos funciona como una tribu bastante cerrada en sí misma, con su propio lenguaje, sus reglas implícitas y su forma de validar qué está bien y qué está mal. La política tiene su lógica, el mundo corporativo la suya, el Estado otra distinta y el ecosistema emprendedor también. Cuando estás adentro, todo parece claro porque entendés cómo moverte, pero justamente ahí es donde aparece el problema.
Cuando las tribus no se mezclan, empiezan a repetirse. Las mismas conversaciones, las mismas ideas, las mismas formas de tomar decisiones. Todo circula dentro de un mismo perímetro y pierde profundidad sin que nadie se dé cuenta. Hay eficiencia, pero poca novedad.
El networking como movimiento entre tribus
Y ahí es donde, para mí, el networking empieza a tomar otro sentido, mucho más interesante que el de "conocer gente" o "hacer contactos". Tiene que ver con moverte entre tribus, con poder sentarte en mesas distintas, con exponerte a formas de pensar que no son las tuyas y que muchas veces incluso te incomodan.
Porque cuando esas tribus se cruzan, ocurre algo que no suele ocurrir dentro de cada una por separado. Aparecen preguntas nuevas, conexiones que antes no existían, oportunidades que no estaban en el radar de nadie. No siempre es cómodo; muchas veces es lo contrario: diferencias de ritmo, de lenguaje y de prioridades. Pero ahí es donde empieza a haber un valor real.
El cruce que te hace crecer
Para mí, construir red también es eso: no quedarte solo en el lugar donde todo te resulta familiar, sino animarte a cruzar de un mundo a otro y entender cómo piensan los demás, aunque no coincidas. Porque en ese cruce es donde dejan de repetirse las mismas respuestas y empiezan a aparecer otras.
Ese es el cruce que te hace crecer y elegir a conciencia dónde querés estar y con quiénes. Y en un momento en que todos tienden a quedarse dentro de su propia tribu, tener la capacidad de moverte entre varias no es un detalle menor; es una ventaja enorme.
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