La incomodidad bien usada: networking fuera de tu zona conocida
- Sofia Quilici
- 13 jul
- 2 min de lectura
Hay algo que veo todo el tiempo cuando hablo de networking y que a mí misma me sigue pasando: la incomodidad. Esa sensación rara de no saber bien dónde pararte, qué decir, si quedarte o irte. La sensación de estar "fuera de lugar".
La señal que leía mal
Durante mucho tiempo pensé que esa incomodidad era una señal de que algo estaba mal. Que si un espacio me incomodaba, no era para mí. Que si una conversación no fluía rápido, mejor cerrarla y seguir.
Con el tiempo —y con muchos vínculos reales encima— entendí otra cosa. Que no toda incomodidad es mala. Que hay una incomodidad que no te expulsa, sino que te acomoda. Que aparece cuando estás en un lugar nuevo, sin un rol claro, sin una etiqueta que te proteja.
El momento exacto en que muchos se van
Y ahí es donde muchas personas se van. Se van rápido. Se refugian en el celular, en la charla conocida, en la salida elegante. Se van justo cuando el vínculo todavía no ha tomado forma.
Es entendible: el cerebro busca lo familiar, y en una sala llena de desconocidos lo familiar es la pantalla o la persona que ya conocemos. Pero cada vez que elegimos ese refugio, también estamos eligiendo que no pase nada nuevo.
Quedarse un poco más
A mí me pasó muchas veces. Y todavía me pasa. Pero aprendí algo: quedarme un poco más, sin apurar nada, sin convertirlo en algo "útil", suele abrir conversaciones que no estaban previstas. Y esos vínculos —los que no estaban planeados— son los que más terminan importando.
No toda incomodidad hay que evitarla. Algunas hay que aprender a usarlas.
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