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Networking para introvertidos: conectar sin fingir carisma

Foto del escritor: Sofia Quilici
Sofia Quilici
7 ago
2 min de lectura

Una de las frases que más escucho cuando doy charlas sobre networking es alguna variante de esta: "yo para esto no sirvo, soy muy introvertido". Detrás hay una idea instalada: que hacer networking exige carisma, soltura, energía para trabajar una sala entera. Y después de años organizando encuentros con Coffee Net, puedo decir con bastante seguridad que esa idea es falsa.

El malentendido del carisma

Confundimos hacer networking con ser el alma de la fiesta. Pero los vínculos no se construyen hablando fuerte: se construyen prestando atención. Y prestar atención es, justamente, lo que las personas introvertidas suelen hacer mejor que nadie. Recuerdan lo que el otro contó, hacen preguntas que abren en lugar de lucirse, sostienen conversaciones de a uno con una profundidad que en una ronda de diez personas es imposible.

Jugar de local: elegir el formato

El error es intentar hacer networking en los formatos que más te desgastan. Si una conferencia de quinientas personas te agota antes de empezar, no vayas a la conferencia: proponé un café. Si el after office te incomoda, probá una reunión de a dos, un mensaje bien escrito, un almuerzo chico. Cuando diseñamos Coffee Net elegimos mesas íntimas precisamente por esto: las conversaciones reales ocurren en grupos pequeños, donde nadie necesita competir por el turno de hablar.

No se trata de evitar toda incomodidad —algo de incomodidad es parte de conocer gente nueva—, sino de no gastar tu energía en formatos que juegan en tu contra.

La ventaja introvertida: profundidad sobre volumen

En "Esto es Networking" insistimos en que la calidad de la conversación importa más que la cantidad de personas. Esa es, literalmente, la cancha donde los introvertidos juegan mejor. Una persona que sale de un evento con una sola conversación profunda construyó más red que la que salió con veinte saludos. Porque el vínculo no se mide en el momento: se mide en si esa persona te recuerda, te piensa y te vuelve a buscar.

Tres prácticas que funcionan

Primera: prepará preguntas, no discursos. Llegar con curiosidad real sobre el otro saca la presión de "tener algo interesante que decir". Segunda: usá la escritura a tu favor. El mensaje de seguimiento después de una conversación —específico, retomando algo real— es terreno donde la reflexión le gana a la improvisación. Tercera: date permiso para irte. Es mejor una hora presente que cuatro horas agotada; la red no premia la resistencia, premia la atención.

El networking no le pertenece a los extrovertidos. Le pertenece a los que escuchan, recuerdan y vuelven. Y en eso, los introvertidos corren con ventaja.

 
 
 

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